viernes, 13 de mayo de 2011

¿Estamos frente al Siglo de Asia?. O habrá un Siglo de Asia en un Siglo Global?. “El gran desafío la Gobernabilidad y fortalecimiento Institucional”.

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Es cierto que en Asia ha habido reacciones contra la occidentalización, y algunos intentan promover los llamados valores asiáticos, como el "principio de la armonía". Sin embargo, estos intentos se ven socavados por su motivación política. Por ejemplo, la idea de armonía es un concepto filosófico de gran riqueza en el budismo y el confucianismo clásicos, y merece más que ropajes comunistas o despóticos que apuntan al bloqueo del proceso de democratización. También es de lamentar el que en India no se haya hecho mucho por mantener vivas la filosofía y el espíritu de Mahatma Gandhi, uno de los pocos pensadores que ha dado Asia al mundo en el siglo veinte. La profecía de un Siglo de Asia también pasa por alto a todas las naciones asiáticas llenas de perturbaciones y en declive, como Tailandia y Japón, respectivamente. No se puede fundar únicamente en ciertos avances económicos locales sin tomar en cuenta los contextos culturales y estratégicos más amplios.


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¿Estamos frente al Siglo de Asia?. O habrá un Siglo de Asia en un Siglo Global?.


“El gran desafío la Gobernabilidad y fortalecimiento Institucional”.


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Traducimos la interesante nota que publica este miércoles (11/05) Haruhiko Kuroda, presidente del Banco Asiático de Desarrollo, en el China Daily acordando, con matices, con la opinión de Guy Sorman: No habrá Siglo de Asía sino Siglo Global.


Haruhiko Kuroda.


China Daily. Miércoles 11 de mayo del 2011


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). ¿Un Asia que produce más de la mitad del PIB mundial? ¿Tres mil millones de asiáticos considerados parte del "mundo rico" para el 2050? ¿Sueño o realidad posible?


Podría suceder si la economía de la región sigue creciendo al ritmo actual y si las nuevas generaciones de Asia agarran la posta y corren con ella.


Esa posta, sin embargo, podría resultar ser muy resbaladiza. Existen varios desafíos y riesgos multi-generacionales de enormes proporciones que se deben ser superados en el camino.


Es cierto que en desarrollo de Asia sacó al mundo de su peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Y es cierto que el centro de gravedad económica parece estar desplazándose hacia Asia.


Por lo que un “Siglo de Asia” es sin duda plausible. Pero el ascenso de Asia no es, de ninguna manera, algo predestinado.


El camino de Asia a la prosperidad y la liberación de la región de la pobreza extrema requiere mucho más que un simple alto crecimiento. Las desigualdades existentes deben ser reducidas. Y como hogar de más de la mitad de la población mundial, Asia debe enfrentarse a una masivo proceso de urbanización y lidiar con cambios en su perfil demográfico.


La competitividad a largo plazo de Asia dependerá en gran medida de la intensidad de su uso de los recursos, incluidos recursos como el agua y los alimentos y administrar sabiamente su uso de carbón. Está en el mejor interés de Asia fomentar e invertir en innovación tecnología limpia para mantener su impresionante ritmo de crecimiento.

Estos desafíos son cualquier cosa menos mutuamente excluyentes. Los asiáticos están abordando estos retos mediante la continua mejora de su productividad, tomando medidas para luchar contra el cambio climático y centrándose en un crecimiento que resulte inclusivo. Sin embargo, la lista de retos es larga y si no es debidamente atendida, podrá privar a millones de asiáticos de la oportunidad de participar en el progreso de la región.


Estos riesgos no sólo se retroalimentan entre sí, sino que también podrían exacerbar las tensiones ya existentes o crear nuevos conflictos. Si no se manejan de forma inteligente, podrían poner en peligro los logros costosamente obtenidos en los últimos 40 años y socavar las ganancias del enorme potencial posible para los próximos 40 años.


Asia debe aprender de la historia. Tal vez la lección más importante sea evitar los errores en que los países o regiones han incurrido en el pasado luego de épocas de rápido crecimiento e industrialización.


Economías de rápido crecimiento como China, India, Indonesia y Vietnam no pueden permitirse el lujo de caer en una trampa de ingresos medios -pasando de un crecimiento basado en la mano de obra barata y el capital para pasar a un crecimiento de alta productividad e innovación.

Luego está el gran desafío de la gobernabilidad y el fortalecimiento institucional -el talón de Aquiles para la mayoría de las economías asiáticas. La calidad institucional debe elevarse tanto como la corrupción debe ser anulada.


El último desafío es la efectiva gobernanza - un gobierno que proporcione atención médica y servicios educativos de calidad, infraestructura para transportar mercancías y personas, la creación de servicios eficaces, ciudades habitables, sistemas bancarios y financieros estables y confiables y estructuras de administración de justicia que protegen los derechos de los ciudadanos.

En resumen, los países asiáticos deben modernizar sus sistemas de gobierno y reorganizar sus instituciones para garantizar la transparencia, la rendición de cuentas y la consecuente ejecución de sus políticas.

La globalización, que abarca el regionalismo abierto y una mejor cooperación regional, nos ha ayudado hasta el momento. Si intensificásemos este proceso con innovación y espíritu empresarial, centrándose en una mayor inclusión dentro y a través de las economías, si queremos lograr el desarrollo sostenible y mejorar la gobernanza, entonces sí, un siglo asiático es posible y alcanzable.


Es hora de mirarnos en el espejo y aprender de nuestros errores así como de nuestros éxitos. Las políticas que funcionaron en Asia en escenarios de bajos ingresos y escasez de capital es probable que no funcionen hoy y mas improbable que funcionen en el futuro. Los líderes de Asia deben diseñar políticas nacionales audaces e innovadoras al tiempo que persiguen la cooperación regional y mundial.

Creo que la cooperación regional y la integración son fundamentales para avanzar hacia la prosperidad de Asia. Una mayor cooperación ayuda a proteger los beneficios económicos de las vulnerabilidades externas. Pero también asegura el poder económico de la región y refuerza su voz en la constante evolución de la arquitectura financiera mundial. La cooperación regional es el puente que une las distintas economías con el resto de la humanidad.


Pero aún más importante, los asiáticos tienen que aprender a confiar unos en otros. Sin confianza, poco se puede lograr en la cooperación regional. Sí, los asiáticos pueden aprender de la historia de Europa. Pero también debemos aprender de nuestra propia historia de transformación de conflictos en cooperación -la Asociación de Naciones del Sudeste de Asia y la Subregión del Gran Mekong- son dos ejemplos de ello.


La futura huella global de Asia lleva consigo nuevas responsabilidades y obligaciones. Bienes públicos mundiales como el libre comercio, la estabilidad del sistema financiero, el cambio climático, y la seguridad son responsabilidades que deben ser abordadas para mostrar al mundo nuestro deseo de ser constructivos en su promoción. Como nuevo líder mundial, Asia debe actuar y ser visto como un ciudadano global responsable.


Permítanme subrayar que el siglo de Asia no es siglo de Asia. Será el siglo de la prosperidad global compartida, donde los asiáticos tomarán su lugar entre las filas de los ricos, pero a la par de los de Europa y América del Norte.


Nuestros desafíos siguen siendo enormes. La prosperidad futura se debe ganar. Y, como bien lo saben las economías avanzadas, nada está predeterminado.

Guy Sorman concuerda –no exento de divergencias, con la opinión arriba vertida. Para el, filósofo y economista francés:


"Por estos días, casi se da por supuesto que éste será "el siglo de Asia", tras un irreversible cambio político/económico del poder global desde Occidente a Oriente. China ha reemplazado a Alemania como el principal exportador del mundo, mientras que la surcoreana Korean Electricity superó la oferta de Electricité de France para construir 3 reactores nucleares en Abu Dhabi.


No hay duda de que las estadísticas del comercio chino no reflejan las importaciones que necesita para producir lo que exporta, y el reactor de los surcoreanos utilizará la tecnología Westinghouse. Sin embargo, no se debe subestimar el éxito de Asia, especialmente si se considera que los gobiernos asiáticos han aprovechado con inteligencia la reciente crisis financiera como una oportunidad de reforzar el mecanismo del libre mercado. (Por ejemplo, Corea del Sur ayudó al mismo tiempo a sus población pobre y desreguló su mercado laboral). USA y Europa no han seguido este ejemplo.


No obstante, es prematuro proclamar un Siglo de Asia. Puede que las áreas costeras de Corea del Sur, Japón, Vietnam y la plataforma costera oriental de China tengan en común algunas características culturales y una estrategia económica similar, pero gran parte de la China central y occidental está sumida en la pobreza, Indonesia pertenece a un mundo diferente en lo económico y lo político, e India también es un Asia muy diferente. Tampoco Asia presenta cohesión política: partes de ella son democráticas, mientras otras son gobernadas por déspotas.


Más aún, no hay un sistema económico "asiático": el capitalismo de estado de China no pertenece a la misma categoría que el capitalismo privado que se practica en Japón y Corea. India sigue siendo, en gran medida, una economía agrícola, con islotes de dinamismo en el sector de servicios y las pequeñas empresas.


Asia no posee un centro de decisiones, ni instituciones de coordinación comparables a la OTAN o la Unión Europea. Esto es importante, porque mientras dentro de Occidente hay una relativa paz, Asia está llena de conflictos reales (dentro y alrededor de Pakistán) y otros que se ciernen alrededor del Mar del Sur de China.


De hecho, si alguna vez la OTAN y el ejército estadounidense abandonaran el continente, aumentarían las posibilidades del estallido de guerras, lo que perturbaría gravemente el comercio. El dinamismo económico de Asia no podría sobrevivir a esas circunstancias. Es difícil creer en un Siglo de Asia cuando la seguridad del continente depende de actores foráneos.


Otra de las debilidades relativas de Asia es su pobre historial de innovación, factor fundamental de todo dinamismo económico prolongado. Hasta ahora, las exportaciones chinas contienen poco valor añadido y mucha mano de obra barata, y los productos sofisticados que sí produce, como los teléfonos inteligentes, han sido inventados en Occidente. Japón y Corea del Sur son países mucho más creativos, pero con demasiada frecuencia no hacen más que mejorar productos y servicios concebidos inicialmente en Occidente.


La capacidad de innovación de Asia probablemente va a la zaga debido a su sistema educacional, en que se da prioridad a la repetición y al aprendizaje de memoria: los estudiantes asiáticos migran a las universidades estadounidenses y europeas cuando tienen la oportunidad de hacerlo, y se quedan allá: un 80% de los estudiantes chinos en los Estados Unidos no tiene planes de regresar a China.


En muchos sentidos, el innegable progreso de Asia refleja su conversión a los valores occidentales. El capitalismo, la democracia, el individualismo, la igualdad de género y el secularismo son nociones occidentales que han sido adoptadas por este continente.

Es cierto que en Asia ha habido reacciones contra la occidentalización, y algunos intentan promover los llamados valores asiáticos, como el "principio de la armonía". Sin embargo, estos intentos se ven socavados por su motivación política. Por ejemplo, la idea de armonía es un concepto filosófico de gran riqueza en el budismo y el confucianismo clásicos, y merece más que ropajes comunistas o despóticos que apuntan al bloqueo del proceso de democratización. También es de lamentar el que en India no se haya hecho mucho por mantener vivas la filosofía y el espíritu de Mahatma Gandhi, uno de los pocos pensadores que ha dado Asia al mundo en el siglo veinte.


La profecía de un Siglo de Asia también pasa por alto a todas las naciones asiáticas llenas de perturbaciones y en declive, como Tailandia y Japón, respectivamente. No se puede fundar únicamente en ciertos avances económicos locales sin tomar en cuenta los contextos culturales y estratégicos más amplios.


La fragilidad de Asia no significa que esté garantizado el predominio de Occidente: con sus universidades, sus valores culturales, su industria del entretenimiento y sus potentes fuerzas militares, Occidente se mantiene a la vanguardia, pero es posible que no sea así por siempre. Es muy probable que, al intentar comparar el poder relativo de Occidente y Oriente, nos estemos aferrando a un vocabulario obsoleto. Nuestros criterios pertenecen al pasado.


Después de todo, en la actualidad no existe ya la "economía nacional" autónoma. Mientras más sofisticado es un producto o servicio, más tiende a desaparecer su identidad nacional. No hay teléfonos móviles ni derivados financieros que sean característicamente occidentales u orientales. Cuando China compra papeles del Tesoro de USA, ¿quién depende de quién? Cuando Asia crece, Occidente no se empobrece. De ahora en adelante, progresamos todos o no progresa ninguno.

De manera similar, no existe contradicción entre Occidente y Asia cuando se trata de las amenazas a la seguridad global, como el terrorismo o los estados nucleares parias. Quizás el mejor ejemplo de esta universalidad sea la cultura "pop". Los cantantes de rock coreanos son extremadamente populares en China. ¿Son coreanos o estadounidenses? Quizás sea mejor llamarlos "artistas globales".


Así, no es que hayamos comenzado el Siglo de Asia, sino más bien el primer Siglo Global. Pero la civilización global es un fenómeno tan nuevo que todavía no comprendemos completamente lo que nos ocurre a cada uno de nosotros: nos aferramos a viejos conceptos para describir nuestro mundo emergente. Puede que no sea un mundo mejor, pero sin duda será uno muy diferente".


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